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martes, 3 de noviembre de 2009

Los elefantes también juegan al futbol


Fútbol en Costa de Marfil

Se juega con tantas ganas como en el resto del mundo. El hambre es el principal motor que lleva a los jóvenes a practicar deportes. La pasión se ve alimentada por el Mundial 2010 que se desarrollará en África por primera vez en la historia.

Por Marcela Ojea

El fútbol ha constituido en el mundo entero una suerte de pasión que no se puede explicar de ninguna forma. Se inventó en Inglaterra en el siglo XIX pero rápidamente se extendió por todos los continentes hasta que se transformó en un deporte sin fronteras, ya para 1910 existían los clubes y las federaciones de Fútbol en Europa y América. Sólo falta agregar un detalle: esto sucedía en países libres, soberanos e independientes económicamente. Pero… ¿qué sucedía en los países que eran colonias de los grandes estados imperialistas de Europa?
La Repúblique de Côte-d'Ivoire, más conocida como la República de Costa de Marfil, también solía practicar el fútbol, pero se realizaba extraoficialmente. Recién en 1956 se fundó la “Primera División de Costa de Marfil”, es decir la máxima categoría del fútbol marfileño, gestionada por la Fédération Ivoirienne de Football. Desde 1960, año en que el país africano obtuvo la independencia definitiva de Francia, hasta el 2004 se llamó “Superdivisión”, y del 2004 al 2007 fue renombrada “Ligue 1 Orange” por motivos puramente económicos, ya que por un patrocinador invirtió mucho dinero para que lleve su marca. Finalmente el año pasado, la liga se rebautizó por última vez para ser conocida como “MTN Ligue 1”.
El país de “los elefantes”, apodo de la selección de fútbol marfilense, tiene catorce equipos jugando en la primera división. El team más popular es el ASEC de Abidján que posee veintidós títulos, lo sigue el África Sports National con quince consagraciones. Al mismo tiempo, el ASEC es el único conjunto marfileño, junto con el Stade d'Abidjan, que ha ganado la Liga de Campeones de la CAF (Confederación Africana de Fútbol), ambos en una sola ocasión. El resto de los equipos son: Issia Wazi, EFYM, SO Armee, Stella Club, Jeunesse Abidjan, Sewe Sport, Denguele Sport, Ouragahio, Sabe Sports , Bassam, y el ES Bingerville.

¿Qué lleva a los marfileños jugar a la pelota?

Costa de Marfil es un país donde conviven más de sesenta etnias diferentes, por lo tanto no hay una lengua unificada, aunque la mayoría habla francés, idioma que heredaron luego de haber estado sometidos a Francia desde 1830 hasta 1958.
El 54% de los marfileños viven en zonas rurales y se dedican a trabajar la tierra, que para fortuna de la comunidad es muy fértil. Allí se puede cultivar café, cacao, caña de azúcar, bananas, algodón y ananás. Esta nación se destaca como productora líder mundialmente de cacao y café, junto a Ghana, Nigeria y Brasil.
Por sus amplias zonas de bosques, la región tiene gran desarrollo de la silvicultura, o sea el cuidado de los bosques para obtener un rendimiento sostenido de sus recursos y beneficios. No sólo se centran en la producción maderera que permite la exportación de caoba, iroko, sipo; sino que también mantienen los pastos para la pastura del ganado local.
Tiene una población de más de dieciocho millones de habitantes, pero solamente la mitad sabe leer y escribir, y tienen una esperanza de vida que ni en los hombres, ni en las mujeres superan los cincuenta y dos años. Entonces si el ascenso social no se puede lograr mediante una carrera universitaria, -solo doce mil setecientos jóvenes asisten a una Facultad para especializarse- la salida de la pobreza se puede lograr jugando al Fútbol. Es básicamente el hambre el motor que impulsa a los más chicos a practicar el deporte.
Ejemplos de jugadores marfileños que han triunfado en el exterior hay muchos, pero quizás el más destacado es el caso del delantero Didier Drogba, jugador del Chelsea en la liga inglesa. Drogba es el alma máter de la selección de los elefantes, y el ídolo máximo e indiscutido de la juventud lugareña.
Prueba de ello, fue el trágico accidente sucedido en el estadio Houphouet-Boigny de Abidján este año cuando se enfrentaron los seleccionados de Costa de Marfil y Malawi por un lugar en el Mundial 2010, donde veintidós personas perdieron la vida y ciento treinta y dos resultaron heridos al derrumbarse un muro del recinto.

Los espectadores habían acudido en masa a ver el encuentro deportivo donde se desempeña la estrella local Drogba, y otros compatriotas que brillan en el extranjero. El Houphouet-Boigny tenía capacidad para treinta y cinco mil espectadores, pero la instalación se vio desbordada llegando a albergar a cincuenta mil lugareños, lo que hizo que las estructuras se vinieran abajo y aplastaran a más de veinte fanáticos.
Una hipótesis que se manejó vino a partir de la voz de Dagobert Banzio, el ministro de deportes marfileño, quién señaló que dentro del estadio había unos 50.000 espectadores y que la avalancha se produjo porque otros 50.000 que querían entrar a ver el partido derribaron la puerta para entrar al campo. Este testimonio sirve para demostrar la pasión que sienten los locales por el fútbol.
Si faltaba algo para echarle más leña al fuego de la pasión, la Copa Mundial de Fútbol FIFA 2010 se realizará por primera vez en el continente africano, y la sede oficial será Sudáfrica. El sólo hecho de entrar será motivo de honor y orgullo para cualquier país del continente más pobre del mundo.

sábado, 31 de octubre de 2009

La gente sólo mira a los delanteros


Por Marcela Ojea

Costa de Marfil es un país pequeño y empobrecido ubicado en África Occidental. El deporte resulta ser no sólo un entretenimiento sino una palanca para salir de la pobreza. El espejo de las nuevas generaciones es Didier Drogba, quizás el mejor jugador africano de la historia.



Costa de Marfil es sinónimo de selvas vírgenes, extensas sabanas de verde césped, animales salvajes por doquier, y paisajes que cambian a medida que los kilómetros pasan transformándose en escenarios inimaginables; son lugares que el hombre aún no ha modificado y al llegar a las costas se convierten como por acto de magia en bellísimas playas que simulan paraísos.
La fauna es muy variada, posee panteras, elefantes, chimpancés gigantes, cocodrilos, infinidad de reptiles y mosquitos enormes que atacan a todas horas del día tanto en las ciudades como en las zonas rurales; todo esto rodeado de diversas especies de árboles que son favorecidos por las lluvias que azotan al continente africano en los meses de junio y julio.
Los marfileños viven en territorios poco explorados, chozas humildes, con una industria poco desarrollada, y en una pobreza extrema donde el salario promedio es de ciento treinta y seis dólares por mes, aunque la república posee riquezas minerales como diamantes y petróleo.
Hasta el día de hoy conserva enfermedades antiquísimas como la fiebre amarilla, el tifus y la malaria, males que son propios de las zonas más pobres del mundo, y Costa de Marfil no es la excepción.
Los lugareños se dedican a cosechar la tierra y comen lo que la naturaleza les brinda, los almuerzos se preparan al aire libre y se comparten entre muchas personas. Es común que vivan en comunidades divididas por las etnias que aún se mantienen su lengua original, sus rituales, practicas de religiones ancestrales basadas en magia blanca, curanderos y sacerdotes, llevan adelante su vida de un modo que en occidente se considerarían no civilizadas.
En ese país de 322.000 Km² de superficie ubicado en África Occidental que limita al oeste con Liberia y Guinea, al norte con Malí y Burkina Faso y al este con Ghana, viven cerca de diecisiete millones de habitantes, personas con baja esperanza de vida e inmersos en una miseria absoluta que determina a los sujetos que nacen en esas tierras.

Fútbol: una esperanza de vida

Un 11 de febrero de 1978 nació en Abidján el mejor deportista marfileño. Didier Yves Drogba es hijo de dos empleados bancarios, trabajo que les alcanzaba para vivir modestamente, sin darse demasiados lujos. En Francia la historia era diferente. Allí en la tierra que alguna vez fue la madre y dueña de Costa de marfil, ya que este pequeño territorio fue colonia de los galos hasta 1960; vivía un tío del pequeño Didier, un hombre que había emigrado de su país natal en busca de un futuro cuando era apenas un adolescente, y lo había conseguido.
Michel Goba, se ganaba la vida como futbolista profesional, y fue él quien aconsejó a su hermano para que les enviara a su sobrino de cinco años con él, con la ilusión de que su pariente "tuviera oportunidad de triunfar en la vida", cosa que en su amada pero empobrecida república no podría lograr. Allí el pequeño Dider pasó tres años entre Brest, Anguleme y Dunkerke, aprendiendo a jugar al fútbol, conociendo influyentes magnates franceses y acostumbrándose a un estilo de vida que en Costa de Marfil sólo podría soñar.
Extrañó a sus padres por tres años, pero con el afecto infinito de su tío quién se convirtió no solo en un amigo, sino en un modelo a seguir; cuando “Tito", como era conocido por sus familiares y amigos durante su infancia, regresó a su hogar ya sabía lo que quería ser de grande: una súper estrella de fútbol mundial, pero para eso necesitaba crecer, entrenar y no desperdiciar las oportunidades.
Cuentan conocidos de Drogba, que nunca perdía la oportunidad de jugar a la pelota y que los estacionamientos de autos de su barrio, el distrito de Yopougon Sicogi se convertían en la imaginación de un niño de ocho años en auténticos estadios donde él soñaba que el público gritaba su nombre, pero la ilusión no terminaba allí, en su mente el vestía la camiseta de los elefantes, apodo que lleva la selección de su país, y los hacía clasificar para jugar un mundial de fútbol.
A los once años, el destino lo llevaría nuevamente a Francia, en 1989 una crisis económica hundió a todo el país en un sin fin de problemas, sus padres quedaron desempleados y como la situación era critica se decidieron enviar a Didier otra vez con su tío. Años más tarde sus padres se mudarían a Paris, y desde los suburbios de dicha ciudad el joven de los ojos oscuros empezaría a formar su carácter de luchador y de líder nato.
Ante momentos de discriminación, por pobre, extranjero y negro Didier cerraba los ojos y pensaba en su objetivo que cada vez estaba más cerca, poco tiempo fue el que aguardó porque a los quince años firmó su primer contrato con un club profesional: el FC Levallios de París donde permaneció por dos temporadas (del `94 al `96), allí se transformó en la máxima estrella; esas que empiezan desde abajo y a puro empeño escalan posiciones hasta convertirse en ídolos, en jugadores que la gente aclama, a un integrante del equipo que los hinchas esperan para sacarse una foto.
Era el ejemplo a seguir, el muchachito que tenía muy en claro que era lo que deseaba, dejó tan buen recuerdo que su director técnico, Srebencko Repcic siempre recuerda: "Nunca iba a discotecas antes de los partidos, como hacían el resto de compañeros, era el jugador más dedicado”. La carrera de pequeño gigante iba en ascenso, pero el destino quiso hacerle probar un poco de sabor amargo así no crecía muy deprisa, a los diecinueve años el imparable, paró; más bien su pie lo hizo detenerse, sufrió una lesión que lo relegó de la posibilidad de ir a jugar al Paris Saint Germain y de jugar en "Le Championnat".
Pero no todo salió mal, el esfuerzo fue recompensado, el Le Mans, un club que ya se había interesado por él, antes de este incidente, lo fichó para ponerlo a prueba. Allí pasó los mejores años de su vida, conoció al entrenador Marc Westerloppe, que lo convertiría en el buen futbolista que es actualmente, para quién Drogba sólo tiene palabras de respeto y cariño: "Me preguntó si quería ir a jugar al Le Mans y luego me dio todo lo que soy ahora".
De allí pasó a la primera división en el Guingamp, y luego tras haber jugado un poco más de treinta partidos anota diecisiete tantos y su valor en el mercado aumenta hasta llegar a los 6 millones de euros en los que fue comprado por el Olympique de Marsella. Con este team llega a la final de la Copa de la UEFA, ese año el marfileño es elegido el Mejor Jugador de la Liga Francesa.
Cuan elefante que avanza atravesando todos los obstáculos, en estos años Didier fue imparable. En el Olympique se afianza como player internacional para llegar a ser citado por su selección y de allí al Chelsea de Inglaterra, siendo el mismo Abramovich quién se interesa por tenerlo en sus filas. Fue durante un cálido verano del 2004 cuando el "hijo pródigo" de Costa de Marfil se convierte en el fichaje más costoso de la historia del club londinense, que desembolsa 24 millones de libras por él. Ese mismo año se proclama campeón de la Copa de la Liga y vencedor de la Premier League en dos oportunidades, glorificándose con tan solo veintiséis años como uno de los cimientos del equipo más temible del mundo.
En el 2006 Didier dejó de soñar, no porque no quedaran más fantasías sino porque el más importante se hizo realidad. Con su gran talento, su extraordinario físico y con su notable técnica llevó a su querido país a disputar un Mundial de Fútbol, si bien el equipo tuvo poco tiempo de gloria el solo echo de participar fue motivo de orgullo para todos los compatriotas que hasta el día de hoy se sorprenden por lo que lograron. En esos doce meses, además llevó a los elefantes hasta la final de la Copa de África.
Didier Drogba es sinónimo de disciplina, virtud que sin dudas lo llevó al éxito, y además es un modelo a seguir, como lo fue para Tito su tío Michel Goba. Hoy el ídolo máximo es ejemplo para un sin fin de jóvenes marfileños que hoy siguen sus pasos: Salomon Kalou (Chelsea), Aruna Dindane (Lens), Arouna Kone (Sevilla), Boubacar Sanogo (Werder Bremen), Gervais Yao Kouassi “Gervinho” (Le Mans) y Bakari Koné (Niza), entre otros tantos ya surgidos, ni pensar en todos los que seguramente vendrán.
Sin dudas, en algún pueblo oscurecido por el hambre y la miseria, empiece a brillar una pequeña luz de esperanza en un niño pequeño con una pelota en sus pies, y puede que su tío le grite: eh Tito ¿Qué haces ahí atrás? ¡En fútbol la gente sólo mira a los delanteros!...